Sentada a un metro de tí. Probablemente sepas en qué estoy pensando, aunque desees que no lo haga.
Otra vez la misma historia. Es un claro ejemplo: El Eterno Retorno llama a la puerta una vez más.
Yo soy la culpable, tú eres el culpable. Hemo destrozado el mundo, un mundo en el que una vez fuimos los únicos representantes de una maravillosa obra; sin embargo, no tenemos ni idea de qué hacer con los pedazos.
Rebelarse no es reconstruir, tampoco ridiculizar es reemplazar.
En tus ojos serás el único que lo habrá intentado, como siempre a su manera, tu manera; la manera incorrecta. En los míos, la misma historia.
Fállame cuando más lo necesito.
Drogrados por fragmentos del pasado; un pasado donde nunca nada terminó por salir bien. Es hora de dejarlo atrás, es hora de dejaros atrás.
Cuando tú sí, yo no. Ahora yo sí. ¿Cuánto tiempo seré capaz de seguir tragando tus palabras hasta acabar vomitándolas en tus zapatos?
Dicen que aunque el zapato no encaje, te amoldas a él. ¿Cuánto tiempo aguantaré amoldándome a él a pesar de todo? Puede que, de verdad, ya se haya desgastado demasiado o que, en realidad, no lo haya hecho; pero es que al mirarlo no puedo evitar no sentir nada, creo que es nostalgia, tal vez cariño. No estoy segura, sería imposible hablar de ello con certeza.
Asco, desprecio y millones de sentimientos más.
Cada frase más alta que la anterior, cada palabra menos fuerte que la que vendrá a continuación.
Haz algo por mí. Párate a pensar: ¿de verdad piensas lo que dices? ¿de verdad dices lo que piensas?.
¿Cuál es el momento adecuado para parar?
Parar para siempre.
La autodestrucción cobra sentido. La autodestrucción se convierte en el verbo por excelencia
[...*Raquel*...]
